martes, 8 de mayo de 2012

Biografía 1: Don Maximino


Comentario de biografía.
Autor: Rodrigo Fernández Chedraui.
Título: Vivir de pie. El tiempo de don Maximino.
Editorial: Las Animas.
I.S.B.N.: 03-2007-041712383300-01.
El día 15 de agosto de 1890, después de vivir un tiempo juntos Manuel Ávila Castillo y Eufrosina Camacho pidieron la bendición de Dios.
               Manuel siempre fue un hombre de trabajo, de modo que, a pesar de las dificultades, Eufrosina nunca tuvo queja de que le faltara algo que fuera absolutamente indispensable en su hogar. Pero Manuel todavía tendría que esforzarse más, pues el 24 de agosto de 1891nació su primer hijo a quién le dieron el nombre de Maximino, de apellidos Ávila Camacho.
               La familia completa quedó constituida de la siguiente manera: Maximino, María Antonieta; Manuel, nacido el 25 de abril de1896; Marìa en 1898; Miguel en 1901; Ana María, en 1902;Rafael, el 14 de diciembre de 1904; Gabriel, el 13 de septiembre de 1906; y Eulogio, en 1908.
                Dado su origen humilde, Manuel y Eufrosina jamás hubieran podido imaginar la relevancia que adquirirían años más tarde varios de sus hijos. El primero en descollar fue precisamente Maximino, quién además de trayectoria militar (que lo llevó a alcanzar el grado de general de División, con base en los méritos que le fueron reconocidos por el Ejercito Mexicano), logró convertirse en gobernador de Puebla, su estado natal.
                 A la muerte de don Manuel Ávila Castillo, ocurrida el 6 de febrero de1916, Maximino, en su calidad de hijo primogénito, quedó al frente de la familia Ávila Camacho, encargándose de administrar el rancho que había forjado su padre, pero sobre todo viendo en todo momento por sacar adelante a su madre y a sus hermanos, a quienes apoyó permanentemente.
                  Medio año después, el 16 de agosto de 1916, contraería matrimonio con Natalia Binder Fernández, de 16 años de edad, nacida en Ixtapan de Oro, estado de México; hija de la pareja que formaron Alois Binder, de ascendencia francesa y quien ya había fallecido para ese momento; y doña Marcelina Fernàndez viuda de Binder, nacida Guanajuato. Al unirse en matrimonio con Natalia, se abriría un nuevo capítulo en la vida familiar de Maximino.
                  Pero si de la vida que Maximino tuvo en Teziutlán quiere saberse, lo mejor es dejar que sea su propia versión la que hable; él se la contó en 1943 al periodista José C. Valadez, de la revista Hoy. Valadez había interrogado a Maximino (para entonces ya general de División y secretario de Comunicaciones del Gobierno Federal) respecto de cómo había logrado amasar su fortuna, pregunta a la que Maximino dio una respuesta amplia; sin embargo, para este capítulo solo se toma la primera parte de su respuesta:
                   “(…) Tenía 12 años de edad – y de esto es testigo todo mi pueblo- cuando empecé a trabajar. Tuve necesidad de ayudar a mi padre desde muy temprana edad.
                   (…) Recogíamos el mineral de la empresa de Lombardo y lo conducíamos a Teziutlán; y como mi padre era propietario también de una recua de mulas, a veces llevábamos mercancías a tierra caliente, y volvíamos cargando tabaco, maíz y vainilla. Mi niñez fue de pobre. Mi pueblo es testigo de cómo batí el lodo muchas veces descalzo.
                   (…) Después fui vaquero de las haciendas de Cedro Viejo, de Santa Domitila, de la Vizcaya y de Santa Lucía… Esa fue mi vida hasta los 15 años.
                   (…) Más tarde trabajé en la compañía de maquinas Singer, teniendo a mi cargo una gran zona que comprendía Tlapacoyan, Martínez de la Torre, Misantla, Nautla, Papantla y Espinal, pero al mismo tiempo me dedicaba a la agricultura, por la que siempre he tenido pasión. Sembré tabaco y cultivé caña de azúcar, haciendo piloncillo y alcohol; y me dediqué también a criar y a engordar ganado… Fui, por algunos meses, agente de correos en Cedro Viejo. Era agente de la Singer, empleo que me había dejado dinero, cuando me sorprendió la Revolución.”





J.Trinidad Pedro Bernabé  Juárez Alcázar
Biblioteca “Sor Juana Inés de la Cruz”
Acajete, Pué.   

lunes, 7 de mayo de 2012

Escribe tu final 11: El patito feo



¡Estaba tan hermoso el campo! Era verano.
Al cumplir sus 6 años Esmeralda, una pequeña niña de origen humilde su único regalo que le pudieron dar sus padres fue un pato pequeñito tan pero tan bonito que la niña daba saltos de alegría. El pato esperaba algo mucho mejor como dueña como de casa y de tanto enojo empezó a picar a la niña. Sus padres lo dejaron afuera de la casa y el patito orgulloso se sintió muy enojado y lo único que hizo en toda la noche fue gritar y gritar.
Su anterior vida en la granja fue mejor porque despreciaba a todos los animales aunque fueran más grandes y fuertes que el. A la mañana siguiente el patito ya tenía unas pocas migajas pero llego otra pata tan pero tan fea, sucia y maltratada que lo espanto sin embargo le dijo:
-Espera solo te quiero preguntar algo ¿Me compartirías solo un poco de tu comida? No he comido en días y me siento muy mal-
El patito egoísta contesto:
-No porque es mi comida y yo nunca comparto mis cosas y mucho menos su alimento-
Esta patita fea no era común, más bien era la reina de los animales y naturaleza diciéndole muy enojada:
-Tendrás que cambiar tu actitud, tienes solo 3 oportunidades por si te portas mal y 3 días para hacer feliz a Esmeralda o tendría que sufrir muy graves consecuencias-
Este sin hacerle caso pensó que la patita armo todo ese drama para que le compartiera de su comida y desapareció instantáneamente, el clima se torno a nublado y empezó a llover, nadie se acordó de el patito y se tuvo que mojar durante todo el día.
En la noche la niña metió a su patito ya que sus padres se fueron a trabajar, ella le empezó a contar lo importante que fue la llegada a su vida y sobre que le gustaba hacer, jugaron un poco pero de tanto cansancio la niña se quedo dormida en el sillón abrazando a su patito que estaba furioso. Al amanecer Esmeralda busco a sus padres pero no estaban, sintiéndose un poco triste y empezó a llorar y el patito sintiéndose conmovido trato de jugar con ella pero no le hacía caso, para colmo solo había un bolillo de comida y la niña se lo comió todo. Al siguiente día el patito y la niña ya desilusionados por el abandono de sus padres salió a buscar un poco de comida pero todos al verla tan pobre nadie la ayudaba. El patito lo único que pudo hacer es buscar a aquella pata fea para que ayudara a la niña pero no la encontró y la niña cada momento se veía más triste, llorando muy desesperadamente y sin ganas de nada. El patito sintió mucha tristeza y le mostro todo su apoyo a su dueña sin embargo no era suficiente ya que el patito no sabía cómo demostrar su afecto. Era el tercer día, no gasto ninguna oportunidad pero  los días se agotaron, vendría la reina. A la misma hora que lo visito la otra vez el patito salió de la casa por curiosidad, la niña se sorprendió y siguió al patito, de pronto se apareció la reina en forma humana diciéndole a Esmeralda:
–Pequeña yo cuidare de ti queriéndote por siempre y te llevare a vivir a mi hermoso mundo de fantasía-
La niña corrió a sus brazos dándole un fuerte abrazo, llorado de alegría y le lanzo un hechizo para convertirla en una hermosa princesita.
Por otro lado al patito le dijo:
-Veo que la tragedia de tu dueña ha conmovido un poco tu corazón de piedra, pero tendrás que pagar por su anterior forma de ser así que te  convertiré en un patito feo-
El patito aceptando su transformación el hechizo cambio su alma y forma de ver la vida y a los demás. A partir de ahí el día cambio de nublado a caluroso y con un hermoso arcoíris. Tiempo después el patito encontró a toda su familia y fue muy feliz aprendiendo a vivir con un diferente aspecto y personalidad.
FIN.

Nombre: Michelle López Ochoa.
Biblioteca: ‘‘Revolución Mexicana’’ No. 912
Localidad: Santa María Coronango, Puebla.

Las partes que componen un libro



Las partes que componen un libro Coco Chanel decía que una mujer nunca es suficientemente rica, ni está suficientemente delgada. Beethoven, en cambio, afirmaba que nunca se es lo bastante bueno o lo bastante valiente. Lo cierto es que uno, a estas alturas, ya no sabe a quien creer. De todas formas gracias por estar aquí. Esta primera sala, nos tememos, puede resultar un poco árida, pero es imprescindible. La percepción es educación y de lo que se trata es que usted empiece a ver los libros de una forma diferente. Efectivamente, un libro es un soporte físico de información, pero también es algo más... es, o debería ser, una obra de arte y un oscuro objeto de deseo. En el principio era el Verbo, más tarde, puso Adán nombres a toda bestia y ave de los cielos y a todo animal del campo. Parece evidente que algo, antes de tener nombre, simplemente no existe. Un libro será, simplemente, un libro, antes de que nombremos las partes que lo componen, después se convertirá en una estructura compleja de arquitectura perfecta.
Partes exteriores:
Cortes del libro: Todo libro tiene tres cortes, el superior o de cabeza, el inferior o de pie y el delantero que es el que está opuesto al lomo. El corte delantero puede ser plano (si el lomo también lo es) o adoptar forma cóncava cuando el lomo es redondo. A esta forma se le denomina mediacaña.

El corte suele ser blanco o del mismo color del papel, aunque, en ediciones cuidadas o de mucho manejo, puede dorarse, pintarse, jaspearse, bruñirse, labrarse, etc.


Planos: Los planos son las dos caras, anterior y posterior del libro, que se denominan delante y detrás.

Cubiertas: Los planos y el lomo de papel con que se forra el libro para su encuadernación en rústica se denomina cubiertas. En este caso la cubierta anterior lleva impreso en nombre del autor, el título de la obra y el pie editorial. En los encartonados, la cubierta recibe también el nombre de tapa o tabla, y pasta si se recubre con piel (ver la sala dedicada a las encuadernaciones).

Nervios: Aunque se refiere a cada una de las cuerdas, cordeles o bramantes que se colocan en el lomo del libro para reforzar la encuadernación por extensión se refiere, también, a los salientes que producen en el lomo una vez encuadernado. Reciben esta denominación porque, originariamente, estaban hechos con nervio de caballo. Hoy, en la mayoría de los casos, no son más que un adorno y se denominan nervios falsos u ornamentales.

Tejuelo: Pequeño trozo de piel, tela, papel o cualquier otro material que se pega al lomo y que lleva impreso el nombre del autor y el título. Su color suele contrastar con el de la piel del lomo.
Partes interiores
Guardas: Hojas de papel que coloca el encuadernador dobladas por la mitad para unir el libro y la tapa. Generalmente son de papel distinto usado en el cuerpo del libro, tanto en el cuerpo como en el gramaje y en el color.

Hojas de respeto o cortesía: Hoja en blanco que se coloca al principio y al final del libro. En ediciones de lujo o especiales se colocan dos o más hojas de cortesía.

Anteportada o portadilla: Es la hoja anterior a la portada, puede ir en blanco, aunque generalmente se imprime el título del libro en caracteres abreviados o menores que el de la portada.

Contraportada: Es la cara posterior de la anteportada o portadilla, puede ir en blanco o bien figurar en ella el título general de la obra, cuando ésta consta de varios tomos. También puede figurar en ella algún grabado con retrato del autor o sin él.

Frontispicio o frontis: Es la portada cuando va orlada o decorada tipográficamente con grabados o alegorías. También se suele denominar frontis a la contraportada cuando va orlada e ilustrada.

Portada: Es la página más sobresaliente del libro; especifica de forma más extensa el título de la obra, el nombre del autor, nombre del prologuista, méritos del autor o cualquier otra explicación interesante de resaltar, lugar de la impresión, nombre del impresor y la fecha.

Página de derechos: Es la que ocupa el reverso de la portada y en ella figuran los derec hos de la obra, número de ediciones, pie de imprenta, etc.

Dedicatoria: Es el texto con el cual el autor dedica la obra, se suele colocar en el anverso de la hoja que sigue a la portada. No confundir con dedicatoria autógrafa del autor que es cuando el autor, de su puño y letra, dedica la obra a una persona concreta.

Prólogo: Es el texto previo al cuerpo literario de la obra. El prólogo puede estar escrito por el autor, editor o por una tercera persona de reconocida solvencia en el tema que ocupa a la obra. El prólogo puede denominarse prefacio o introducción.

Preliminares: Antiguamente se utilizaba una página anterior al texto e incluía Censuras, Loas, Privilegios, etc. Modernamente está en desuso o bien se utiliza en caso de existir algún texto de agradecimiento.

Índice: Es una relación esquemática del contenido del libro. Puede ir al principio o al final (en las obras científicas al principio y en las literarias al final). Los índices cronológicos, geográficos, de láminas, etc. suelen ir al final de la obra.

Colofón: Se pone al final de la obra (en la última página impar) y en él consta el lugar de impresión, la fecha y el nombre de la impresión. También incluye el número de tirada y el escudo del impresor.

Escribe tu final 10:EL PRINCIPE FELIz






En lo más alto de la ciudad alzábase sobre un pedestal la estatua del Príncipe Feliz.
Toda ella estaba cubierta de madreselva de oro fino. En lugar de ojos tenía dos rutilantes zafiros y un gran rubí escarlata refulgía en el puño de su espada.
Por eso era muy admirada.
– Es tan bella como una veleta – observó uno de los concejales, que deseaba granjearse fama de experto en arte.
Y, temiendo pasar por un hombre poco práctico añadió:
–  Aunque no es tan útil
                     Y, realmente no lo era.
–  ¿Por qué no eres como el príncipe feliz? –Preguntaba una madre sensitiva a su hijito que quería la luna–. El Príncipe Feliz no hubiera pedido nunca nada a gritos.
–  Me satisface saber que hay alguien en el mundo completamente feliz– murmuró un hombre fracasado, contemplando la maravillosa estatua.
–  En verdad, parece un ángel – dijeron los pequeños hospicianos al salir de la catedral, vestidos con sus soberbias capas rojas y sus lindas chaquetas blancas.
–  ¿En qué lo notaís? –replicó el profesor de Matemáticas– ¿Si no  habeís visto nunca ninguno? ¡Oh! Lo hemos visto en sueños– contestaron los niños.
Y el profesor de Matemáticas frunció el entrecejo, adoptando un aire de severidad porque no podía aprobar que unas criaturas se permitieran soñar.
                   Una noche, una golondrina voló velozmente hacia la ciudad.
Seis semanas antes habían marchado sus compañeras a Egipto; pero ella se quedó rezagada. Estaba locamente enamorada del más hermoso de los juncos. Lo vio iniciarse la primavera, mientras revoloteaba sobre el río persiguiendo a una gran mariposa amarilla oro; y su esbelto talle la sedujo hasta el punto que se posó para hablarle.
–  Te amaré –decidió la golondrina, que no se andaba nunca con ambages.
El junco hizo una profunda reverencia. Entonces, la golondrina voló a su alrededor, rozando el agua con sus alas y dejando estelas plateadas. Era su manera de hacer la corte, y sí fue pasando el estío.
–  Es un absurdo enamoramiento – chirriaban las otras golondrinas-. Ese junco es un pobretón con demasiada familia.
El río estaba, en efecto, poblado todo de juncos. Al llegar el otoño, todas las golondrinas alzaron el  vuelo. Una vez partidas sus compañeras se sintió muy sola y empezó a cansarse de su amante.
–  Ni siquiera sabe hablar –  decíase ella -. Temo, además que sea infiel porque flirtea sin cesar con la brisa.
Realmente, siempre que soplaba la brisa, aquel junco multiplicaba sus más gentiles saludos.
–  Por lo que veo, es muy casero – murmuraba la golondrina-; a mí me encantan los viajes, y por tanto, al que me ame debe gustarle viajar conmigo.
–  ¿Quieres venir conmigo? – le preguntó finalmente la golondrina al junco.
Pero éste se negó moviendo su cabeza, estaba demasiado arraigado a su hogar.
–  ¡Te has estado burlando de mí! – Le chilló la golondrina-. Así es que me voy a las pirámides. ¡Adiós!
Y la golondrina emprendió el vuelo. Voló durante todo el día y al anochecer llegó a la ciudad.
–  ¿Dónde encontraré un cobijo? – se preguntó -. Espero que la ciudad habrá hecho preparativos para recibirme.
Y entonces vio la estatua sobre su pedestal.
–  Me refugiaré ahí – gritó -. Es un sitio bonito muy  ventilado.
Y se posó justamente entre los pies del Príncipe Feliz.
–  Tengo un salón dorado– musitó mirando a su alrededor. Y se dispuso a dormir. Pero al ir a meter su cabeza debajo del ala le cayó encima una  gruesa gota de agua.
–  ¡Es curioso! – exclamó -. El cielo está completamente despejado, y las estrellas brillan con toda claridad. ¡Y está lloviendo, sin embargo! El clima del norte en Europa es realmente muy extraño. Recuerdo que al junco le encantaba la lluvia, pero en él era puro egoísmo.
Y entonces le cayó una nueva gota.
–  ¿Para qué sirve una estatua si no resguarda de la lluvia?– dijo la golondrina-. Buscaré una nueva caperuza de chimenea.
Y se disponía a volver más allá cuando, al abrir sus alas, le cayó una tercera gota. La golondrina miró entonces hacia arriba, y vio… ¡Ah, lo que vio!.. Los ojos del Príncipe Feliz estaban anegados de lágrimas que se deslizaban por sus mejillas de oro. Su rostro parecía tan bello bajo la luz de la luna, que la golondrina se sintió acongojada de piedad.
–  ¿Quién sois? – le preguntó
–  Soy el Príncipe Feliz.
–  ¿Por qué lloráis, entonces?– Volvió a preguntar la golondrina-. Me habéis empapado casi.
              –   Cuando vivía yo y palpitaba en mí un corazón de hombre –replicó la estatua-, ignoraba lo que era el llanto, porque residía en el Palacio de la Despreocupación, donde le está prohibida la entrada a la Pena. De día jugaba yo con mis compañeros en el jardín, y de noche bailaba en el amplio vestíbulo. En torno a ese jardín se levantaba un muro altísimo, pero no me preocupó nunca  lo que había detrás de él, pues todo cuanto me rodeaba era maravilloso. Mis súbditos me llamaban el Príncipe Feliz, y en verdad yo lo era, si el placer constituye la felicidad. Así viví y así dejé de existir, y ahora que estoy muerto, me han elevado tanto, que puedo contemplar todas las fealdades y todas las miserias de mi ciudad. Y aun siendo de plomo mi corazón, no me queda otro remedio que llorar.
          –   ¡Cómo! ¿No es de oro ley?, se dijo la golondrina para sus adentros, pues estaba demasiado bien educada para hacer ninguna observación en voz alta a nadie.
          –   Allí abajo– continuó la estatua con voz baja y musical-, en una calleja, hay una pobre vivienda. Está abierta una de sus ventanas, y por ella puedo ver a una mujer sentada ante una mesa. Su cara está enflaquecida y ajada, y sus manos tumefactas y rojas, llena de pinchazos de aguja, porque es costurera, borda pasionarias sobre un vestido de seda que lucirá en el próximo baile de la Corte la más bellas camareras de la reina. Allí, en un rincón del cuarto yace sobre un camastro su hijito enfermo. Tiene mucha fiebre y pide naranjas; su madre no tiene para darle más que el agua del río. Por eso está llorando. Golondrina, golondrina, golondrinita, ¿no querrás llevarle el rubí de la empuñadura de mi espada? Mis pies están sujetos al pedestal y no puedo moverme.
           –  Me esperan ye en Egipto– respondió la golondrina– Mis compañeras vuelan de un lado para el otro sobre el Nilo y conversan con los esbeltos lotos. Pronto irán a dormir a la tumba del Gran Rey, que está allí en su féretro de madera, vendado con un lienzo amarillo, y embalsamado con sustancias aromáticas. Lleva un collar de jade verde pálido en torno a su cuello y sus manos parecen hojas secas.
           –   Golondrina, golondrina, golondrinita – repitió el Príncipe -. ¿No querrás quedarte conmigo una noche y ser mi mensajera? ¡Tiene tanta sed el niño y está tan triste la madre!

            –    Lo siento querido Príncipe, ésta vez no podrá ser, el invierno se acerca y si me quedo moriré de frío– dijo la golondrina. Y sin decir más, se alejó.
Al otro día,  llegó a los pies de la estatua una pequeña ardilla que solía pasar a menudo a buscar castañas, pues en día de plaza, los comerciantes solían dejar unas cuantas.
–  Ardilla, ardillita– dijo el Príncipe – ¿Podrás subir hasta mi hombro? Tengo que pedirte un favor.
La ardilla accedió a subir y el Príncipe, aún con lágrimas en los ojos pidió lo mismo a la ardilla…
               –   Pero, Príncipe –dijo la ardilla –si hago lo que me pides, demoraré mucho, y cuando regrese, ya no habrá castañas que recoger, y también yo, tengo que darle de comer a mis hijitos, lo siento, al menos por hoy no podré ayudarte, pues tú sabes que tendré que esperar una semana más para conseguir comida-.Y de inmediato bajó a la plaza y se perdió entre la multitud.
Al poco rato pasó por allí un ratoncito que jugaba y jugaba alrededor de la estatua sin otro motivo en particular.
             –  Este amigo, si podrá ayudarme– pensó el Príncipe – es ágil, veloz, y no parece tener mayor preocupación, no creo que tenga hijitos que lo esperen con alimento
Entonces el Príncipe comenzó a llamarle
–  ¡Oye!,  ¡amigo! –exclamó el Príncipe
El ratón con expresión de extrañeza comenzó a mirar a todas partes.
–  ¡Sí, a ti te hablo! Amigo ratón – dijo otra vez – ¿podrás ayudarme?
              –  ¿Y cómo haré eso? –Respondió el ratón – yo soy muy pequeño e insignificante, y tú ¡tan grande y majestuoso! ¿Qué podré hacer por ti?
              –  ¡Podrías ayudarme a hacer a alguien feliz!, ésta es tu oportunidad de demostrar ¡cuán enorme eres! –dijo el Príncipe y comenzó a relatar todo el sufrimiento que veía en su ciudad, y que él inmóvil no podía aminorar; y solicitándole ayuda preguntó:
             –   ¿Qué dices amiguito, puedo contar contigo?
             El ratón sin embargo no contestó satisfactoriamente a la petición del Príncipe.
No creo poder ayudarte
Y con extrañeza el Príncipe exclamó:
              –  Pero, ¿por qué? ¡si tú eres muy ágil y veloz! Y podrías ser una gran ayuda para mí. Al tiempo que te reconocerían la grandeza que llevas dentro – apuntó
              Pero el ratón con un dejo de indiferencia contestó:
             –   ¡Mira, amigo!, aún con todos tus argumentos sigo pensando que soy muy insignificante, nadie podrá creer que alguien como yo, hiciera tal hazaña; además, si yo tomo el rubí de tu espada, podrían catalogarme como un ladrón, y ¿Quién sabe? A lo mejor hasta prisión podría ir a parar, mejor busca ayuda en otra parte.
             Decepcionado el Príncipe de su respuesta comenzó a preguntarse si alguien sería capaz de ayudarlo.
Así pasaron varios días, y cada animalito en el que el Príncipe veía un prospecto a ayudarlo, tenía una cosa mejor que hacer; unos, alguna ocupación que les impedía ser sus mensajeros, otros más pensaban que estaba loco, y otros tantos se mostraban indiferentes. El Príncipe angustiado por eso, sólo podía observar el paso de los días sin conseguir ayuda.
Cierto día, llegó hasta los pies de la estatua, un viejo pastor alemán, que cansado, se echó a su sombra. E Príncipe, pensando que esta vez sí obtendría una buena respuesta, dijo año viejo perro:
              –  ¡Oye, amigo! Yo sé que tú has vivido mucho tiempo en esta ciudad, que has visto como sufre la mayoría de la gente; yo creo que a ti también te ha conmovido todo esto, y realmente ¡eres mi última esperanza!, pues parece que nadie quiere hacerlo, ¿qué dices? ¿Me ayudarías a llevar un poco de ayuda a esta gente humilde?
El viejo pastor, cansado y un tanto torpe volteó a verlo, y con un gesto un tanto compasivo, exclamó: – ¡Mira viejo amigo! Bien dices, yo he vivido aquí muchos años, y conozco tu historia: sé que en vida despilfarraste hasta el último centavo sin importarte el sufrimiento que pudiera haber fuera de los muros de tu castillo, y, ahora que estás inmóvil no lo puedes remediar.
Yo sin embargo, nací en la calle, tuve una infancia con carencias; iba de casa en casa sobreviviendo con las migajas que me obsequiaban, hasta que alguien me adoptó: era una pequeña niña pobre, que trabajaba duramente al lado de sus padres para sobrevivir, allí, conocí el valor del amor, la unidad de la familia por sobre todo, y a pesar de sus carencias, éramos muy felices. Yo correspondí a todo esto con cariño, con lealtad y siendo un gran guardián siempre preocupado en proteger a mis amos, y, déjame decir que a pesar de las circunstancias no necesitamos más. ¿Comprendes ahora que el dinero no hace la felicidad?
Tú sólo has visto una parte de esta realidad, yo veo otra.
“La vida es una y hay que vivirla intensamente” y no desperdiciar el tiempo en cosas vanas, sino en ser realmente feliz con lo que tienes y superarte día con día, quizá pienses que regalando un rubí, un zafiro, o incluso una hoja de oro de tu recubrimiento hará la felicidad de la gente y no es así querido amigo. Tú pudiste hacer mucho más por ellos y ahora no te queda más que ver de lejos lo que está pasando “las cosas buenas hay que hacerlas en vida” no cuando el arrepentimiento toca tu corazón ¿Entiendes, pues, todo lo que te digo?
              –  Tienes toda la razón– expresó el Príncipe – en mi afán de sanar mis culpas, me he quedado solo en lo material, ahora entiendo que debí ser mejor cuando vivía. Me has dado una gran lección viejo amigo.
Y con paso lento, el perro asintiendo la cabeza se fue
El príncipe con un dejo de tristeza sólo lo vio alejarse.
Hoy en día, aún se puede observar la estatua de un Príncipe que algún día fue Feliz y ¿Quién sabe? A lo mejor si observas con cuidado quizá puedas lograr ver alguna lágrima sobre su rostro.


Titulo: El Príncipe Feliz
Autor: Oscar Wilde
Editorial: Salvat
Clasificación: 808.83

Final De Cuento Escrito  Por: Alma Nora Bello Damián
39 Años
Biblioteca Pública Municipal “Prof. Joaquín Paredes Colín”
Tehuacán, Pue.

carta reclamo 23: Sr.


Sr. Andrés Alarcón Sánchez.
Apreciable señor:
En días anteriores yo le entregué todo mi amor, al recibir palabras muy hermosas hacia mi persona.
Usted alabó mi rostro moreno, mis ojos al color del café de Veracruz, el cabello largo y sedoso que cubre mi espalda y mis manos tan pequeñas como las de la virgen. Dichas palabras que me dijo todos los días, motivo por el cual mi corazón se sintió muy feliz y mi mente nunca dejó de pensar en usted, su sonrisa, su voz y sus manos tan fuertes, hecho que me llevó a enamorarme profundamente de usted.
Entonces, quiero preguntarle ¿Por qué si sabía que iba a hacerme daño y dejarme sola me enamoró tanto? Cuándo me mentía que me amaba, ¿qué pensaba usted? ¿acaso su corazón y su alma estaban tranquilas al saber que me mentía?
Y si me regalaba flores, ¿sólo me las regalaba porque así se enamora a una chica en las novelas? Y por qué me hizo creer que nuestro noviazgo era como un cuento de princesas. En esos cuentos son felices para siempre, pero en el mío me quedo sola: la que sufre y llora en la recámara, en las calles y hasta en la oficina, mientras usted trata de conquistar y enamorar a otras chicas tan ingenuas como yo.
Me despido de usted deseándole que nunca se enamore como yo de una persona la cual no vale la pena, y ojalá jamás sufra y padezca tristeza como yo la estoy sufriendo por usted.
María del Pilar
Ciudad Serdán

Escribe tu final 9: El Patito Feo.



¡Estaba tan hermoso el campo! Era verano.

Al cumplir sus 6 años Esmeralda, una pequeña niña de origen humilde su único regalo que le pudieron dar sus padres fue un pato pequeñito tan pero tan bonito que la niña daba saltos de alegría. El pato esperaba algo mucho mejor como dueña como de casa y de tanto enojo empezó a picar a la niña. Sus padres lo dejaron afuera de la casa y el patito orgulloso se sintió muy enojado y lo único que hizo en toda la noche fue gritar y gritar.

Su anterior vida en la granja fue mejor porque despreciaba a todos los animales aunque fueran más grandes y fuertes que él. A la mañana siguiente el patito ya tenía unas pocas migajas pero llegó otra pata tan pero tan fea, sucia y maltratada que lo espantó, sin embargo le dijo:
—Espera, sólo te quiero preguntar algo: ¿Me compartirías un poco de tu comida? No he comido en días y me siento muy mal.
El patito egoísta contestó:
—No, porque es mi comida y yo nunca comparto mis cosas y mucho menos mi alimento.
Esta patita fea no era común, más bien era la reina de los animales y naturaleza diciéndole muy enojada:
—Tendrás que cambiar tu actitud, tienes sólo 3 oportunidades por si te portas mal y 3 días para hacer feliz a Esmeralda o tendría que sufrir muy graves consecuencias.
Éste sin hacerle caso, pensó que la patita armó todo ese drama para que le compartiera de su comida y desapareció instantáneamente. El clima se tornó nublado y empezó a llover. Nadie se acordó de el patito y se tuvo que mojar durante todo el día.
En la noche la niña metió a su patito ya que sus padres se fueron a trabajar, ella le empezó a contar lo importante que fue la llegada a su vida y sobre que le gustaba hacer, jugaron un poco pero de tanto cansancio la niña se quedó dormida en el sillón abrazando a su patito que estaba furioso. Al amanecer Esmeralda busco a sus padres pero no estaban, sintiéndose un poco triste y empezó a llorar y el patito conmovido trató de jugar con ella pero no le hacía caso; para colmo solo había un bolillo de comida y la niña se lo comió todo. Al siguiente día el patito y la niña ya desilusionados por el abandono de sus padres salieron a buscar un poco de comida pero al verla tan pobre nadie la ayudaba. El patito lo único que pudo hacer es buscar a aquella pata fea para que ayudara a la niña pero no la encontró y la niña cada momento se veía más triste, llorando muy desesperadamente y sin ganas de nada. El patito sintió mucha tristeza y le mostró todo su apoyo a su dueña sin embargo no era suficiente ya que el patito no sabía cómo demostrar su afecto. Era el tercer día, no gastó ninguna oportunidad pero  los días se agotaron, vendría la reina. A la misma hora que lo visitó la otra vez el patito, salió de la casa por curiosidad, la niña se sorprendió y siguió al patito, de pronto se apareció la reina en forma humana diciéndole a Esmeralda:
–Pequeña, yo cuidaré de ti queriéndote por siempre y te llevaré a vivir a mi hermoso mundo de fantasía-
La niña corrió a sus brazos dándole un fuerte abrazo, llorado de alegría y le lanzó un hechizo para convertirla en una hermosa princesita.
Por otro lado al patito le dijo:
—Veo que la tragedia de tu dueña ha conmovido un poco tu corazón de piedra, pero tendrás que pagar por su anterior forma de ser así que te  convertiré en un patito feo.

El patito aceptó su transformación y el hechizo cambió su alma y forma de ver la vida y a los demás. A partir de ahí el día cambió de nublado a caluroso y con un hermoso arcoíris. Tiempo después el patito encontró a toda su familia y fue muy feliz aprendiendo a vivir con un diferente aspecto y personalidad.
FIN.

Nombre: Michelle López Ochoa.
Biblioteca: ‘‘Revolución Mexicana’’ No. 912
Localidad: Santa María Coronango, Puebla.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Escribe tu final 7:LA CIGARRA Y LA HORMIGA.



Un día caluroso de verano la Cigarra despreocupada descansaba y se abanicaba sobre los pétalos de una flor.
Las condiciones del día eran perfectas como para tomarse un buen descanso, pero eso no estaba dentro de los planes de un grupo de hormigas que a pesar de los penetrantes rayos del sol no paraban de trabajar arduamente.
La cigarra las veía pasar de bajo del pétalo sobre el cual muy cómodamente estaba descansando a la sombra de un árbol que se encontraba junto, y se preguntaba porque a pesar de las condiciones del día seguían esforzándose y recolectando comida que para su gusto era demasiada para tan pequeños animalitos, pero no le importó y despreocupado el siguió con su rutina.
Pero la despreocupada cigarra había olvidado que faltaban muy pocos días para que el invierno llegara al bosque donde vivía y el buen clima y el alimento iban a escasear.
Los días calurosos continuaron durante todo el verano y otoño. La cigarra no tuvo la idea de preguntarles a las hormigas que pasaban de bajo de él porque tanta prisa, esto probablemente lo pudo haber salvado de sufrir las consecuencias que su relajación y despreocupación le iban a traer en un futuro no muy lejano.
Pocas días antes de que llegara el invierno y ya cumplido su itinerario las hormigas se tomaron unos días para descansar y revisar con tranquilidad si no les había faltado alguna cosa o se les había pasado algún detalle, la comida ya era la suficiente, la leña estaba cortada y empacada, sus hogares protegidos contra los fuertes vientos, todo estaba como fue milimétricamente planeado con meses de anticipación.
En eso una familia de hormigas que caminaban por un sendero se topó con la cigarra que a sus anchas descansaba sobre el mismo pétalo que lo habían visto durante el verano y le preguntaron que si a caso ya tenía todo preparado para soportar el intenso invierno que se aproximaba. Al escuchar la cigarra la palabra invierno se asombró pero no le puso mucho interés y volteó hacia las hormigas y les dijo: no se preocupen pequeñas amigas a partir de mañana recolectaré mis víveres y pasaré el invierno sin problema alguno; las hormigas incrédulas se voltearon a ver entre ellas y susurraron entre ellas: si sólo faltan dos días para el invierno, pero vieron demasiado segura de sí misma a la cigarra y la dejaron que siguiera descansando para no molestarla más.
Los dos días pasaron volando y el congelante invierno llegó al bosque, la cigarra todavía andaba buscando alimento para sobrevivir pero este pareciera que había desaparecido ya que los demás animales sí se habían organizado a tiempo y recolectaron todo el que más pudieron y así casi acabaron con él.
La pobre cigarra no tuvo otra más que comer lo poco que encontraba y esconderse debajo de los pastos y plantas que con el invierno estaban secos por completo, hasta que un día ya no encontró alimento alguno y su cuerpo sin fuerzas ya no podía caminar más.
Las hormigas salieron de sus hogares para recolectar un poco del agua que se derretía de las ramas secas cubiertas por hielo de los arboles y pasmadas quedaron cuando vieron a la cigarra tirada en el piso con su cuerpo sin fuerza alguna cubierta por una pequeña capa de hielo, rápidamente corrieron hacia ella y se percataron que su corazón aún latía, ella todavía se encontraba con vida. Entre las hormigas cargaron a la cigarra y la llevaron rápidamente a su hormiguero para darle asilo y unos buenos trapos para calentarse.
Prendieron la chimenea, acomodaron un sillón frente a ella, prepararon comida y te caliente, cuando la cigarra despertó no daba crédito a lo que había pasado, ¡Amigas me han salvado!, la cigarra estaba llorando de alegría ya que gracias a sus amigas hormigas el seguía vivo.
De palabra y de corazón les agradeció a todas y cada una de las hormigas y juró que nunca más se confiaría tanto y se volvería igual de responsable y trabajadora que ellas, como agradecimiento el resto del invierno tocó bellas melodías con sus patitas para ellas ya que él pensaba que su canto nunca más se iba a escuchar.

Cuento La Cigarra Y La Hormiga
Grupo Editorial García
Edgar Loranca Xique
24 Años
Biblioteca Sor Juana Ines De La Cruz
Acajete, Puebla.


jueves, 26 de abril de 2012

Carta reclamo 22: A un vendedor


Carta de  reclamo a un vendedor de copiadoras que salió defectuosa

Estimado proveedor:

Como tenemos tiempo de tener trato en compra, venta, reparaciones, servicios e insumos en  copiadoras, me tomo la confianza de escribirle esta carta de reclamo ya que esta vez no estoy satisfecha  con la última copiadora que me vendió.  Desde el primer día que me la entregó empecé a tener dificultades con ella; en primer lugar las bandejas  no embonaban bien y eso bloqueaba que siguiera sacando copias pero no le tomé mayor importancia ya que podría ser que todavía no me adaptaba a la copiadora pues tiene diferentes funciones; no todas las copiadoras son iguales. Lo tomé con calma además emocionada de tener una nueva ya que la anterior me fallaba mucho, pero sabemos que era por viejita. Además no tenía de qué preocuparme pues usted me garantizó el producto; simplemente lo llame por teléfono, agradeciendo que inmediatamente tomó su tiempo  para  checarla,  confirmando que  tenía un pequeño defecto pero que en ese momento me la podría arreglar y que  no me daría más problemas.

   Pasó no más de quince días y la copiadora empieza a sacar unos puntos negros, usted sabe perfectamente que no me gusta dar copias con mala calidad, y para variar se bloqueó por que ya me pedía el primer servicio.  No podía  creer que este lapso ya tenía que invertir en una copiadora nueva. Entonces me preocupé por que si me iba a pedir el servicio cada quince días no me convenía porque sólo trabajaría para pagarle ya que usted es el encargado de los servicios de la máquina. Como usted sabe ha venido continuamente si no es por una cosa es por otra, y esto ocasiones que por cada vez que le pasa algo a la máquina dejo de tener servicio de copias y aquí la gente es muy exigente y se molesta  por el hecho de no tener el servicio.

   Sé que cada vez que viene me explica y me enseña cómo arreglarla por si me vuelve a dar problemas para que la pueda componer yo misma y no esté esperando hasta que usted pueda tener el tiempo, pero ese no es la solución. Lo perfecto sería que trabaje sin dificultades como las anteriores. Tal vez al empezar a vender otra marca  es lo que le está afectando ya que usted tenía mucha experiencia en la marca anterior que habíamos manejado. Además de no poder enseñarme todas las funciones porque no las sabe, ahora hasta le cuesta trabajo encontrar los insumos, el tóner que es esencial le cuesta trabajo entregármelo. Imagínese cuando vayamos a necesitar alguna refacción ¿voy a tener parada la copiadora por más tiempo? ¿No lo cree?

   No dudo de su trabajo porque es usted un excelente técnico. Su trabajo siempre ha hablado por sí mismo, nunca habíamos tenido dificultades. Sólo quiero que medite si conviene que trabajemos con la marca actual ya que nos ha provocado conflictos y no quiero que este afecte la relación de negocios que tenemos hasta la fecha y que continuemos  trabajando como siempre.

Graciela Ortega Vázquez
Biblioteca: “Sor Juana Ines De La Cruz”
Localidad: Acajete

Escribe tu final 6: El Ruiseñor y la rosa


Libro: Cuentos y Poemas en Prosa
Autor: Oscar Wilde

Ha dicho que bailaría conmigo si le llevaba unas rosas rojas —se lamentaba el joven estudiante—, pero no hay en todo mi jardín una sola rosa roja.
Desde su nido de la encina, óyele el ruiseñor. Miró por entre las hojas asombrado.
— ¡No hay una sola rosa roja en todo mi jardín! —gritaba el estudiante. Y sus bellos ojos se llenaban de lágrimas.
—¡Ah, de qué cosa más insignificante depende la felicidad! He leído todo cuanto han escrito los sabios; poseo todos los secretos de la filosofía y tengo que ver mi vida destrozada por falta de una rosa roja.
—He aquí por fin al verdadero enamorado— dijo el ruiseñor—. Le he cantado todas las noches, aun sin conocerle; todas las noches repito su historia a las estrellas, y ahora le veo. Su cabello es obscuro como la flor del Jacinto y sus labios rojos como la rosa que desea; pero la pasión ha tomado su rostro pálido como el marfil y la pena le ha marcado en la frente con su sello.
—El príncipe da un baile mañana por la noche— murmuraba el joven estudiante—, y mi adorada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos. Reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mía. Pero no hay rosa roja en el jardín. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará caso ninguno. No se fijara en mí para nada y mi corazón se desgarrara. 
—He aquí al verdadero enamorado— dijo el ruiseñor—. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegría para mí, para él es pena. Realmente el amor es una cosa maravillosa; es más precioso que las esmeraldas y más caro que los finos ópalos. Perlas y granates no pueden pagarle porque no se haya expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor, ni pesarlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.

El joven estudiante estaba tan triste pues el baile se acercaba y él sin conseguir una rosa roja, las esperanzas de bailar con su amada eran cada vez más escasas, todo parecía quedar en una sola ilusión, el corazón se le hacía pedazos.

Mientras tanto el ruiseñor contemplaba la tristeza del joven estudiante, él trata de consolarlo con la melodía de sus cantos, pero la tristeza del joven era cada vez más que ya no le importaba lo que pasaba a su alrededor, el joven estudiante ya desconsolado mirando las rosas que tenía en el jardín murmuró: —¿De qué me sirven estas rosas aun siendo las más lindas de todos los jardines? No, las más bellas de todo el reino, no pueden darme la felicidad, mi amada estará ahí esperando aquellas rosas rojas que yo no podré llevarle, y yo estaré solo y triste, con el corazón roto y solo porque no encontré las rosas rojas que ella tanto anhela, vaya qué cruel es la vida cuando tu felicidad depende de algo que no está a tu alcance-.

El ruiseñor no soportó tanta tristeza, tanto dolor, y mirando al cielo cantó la melodía más dulce que podía cantar, la melodía más perfecta. El cielo brilló como nunca había brillado y los rayos del sol cubrieron aquel jardín de rosas que en un instante cambiaron de color rosa a un color rojo, el rojo más hermoso que jamás se había visto en ningún reino.

El joven sorprendido y sin saber lo que había pasado miró las rosas y en voz baja dijo —Qué felicidad ¿será un milagro?, o será que el amor es más fuerte que cualquier tempestad, jamás mi corazón había sentido tanto placer—. El ruiseñor miró al joven, ahora sus ojos estaban llenos de un brillo y su cara no podía ocultar la felicidad—. Ahora sí podré marcharme en paz mis cantos seguirán siendo bellos, tan bellos como el amor que siente este joven por su amada— el ruiseñor emprendió su vuelo y cuentan que donde haya tristeza por un amor el estará ahí cantando sus más bellas melodías, cantándole al amor.

Luis Alberto Molinos Badillo
Atlixco Puebla
Biblioteca Presidente Juarez No. 57



Escribe tu final 5: El Boqueo



Autor: Murilo Rubiao
y Minerva


Al tercer día de haber dormido en el pequeño departamento de un edificio recién terminado, oyó  los  primeros ruidos. Normalmente tenía el sueño pesado y aun después de despertarse le tomaba tiempo integrarse al nuevo día, confundiendo pedazos de sueño con fragmentos de realidad. No dio importancia, de inmediato, a la vibración de los vidrios, atribuyéndola a una pesadilla. La oscuridad del aposento contribuía a fortalecer esa frágil certeza. El barullo era intenso venía de los pisos superiores y se parecía a los producidos por las palas de demolición, encendió la luz y consulto su reloj: las tres. Le pareció raro. Las normas del condominio no permitían un trabajo de esa naturaleza en plena madrugada pero la maquina proseguía su impetuosa tarea. Los sonidos aumentaban y crecía la irritación de Gerión contra la compañía inmobiliaria, que le garantizara una excelente administración. De repente los ruidos cesaron.

Volvió a dormirse, pero un grito estremecedor lo despertó, sobresaltado se paró de la cama y no podía creer lo que veía, se frotaba los ojos pensaba que todavía estaba dormido, no podía entender lo que sus ojos veían.  Todos corriendo desesperados ¿Qué pasa? ¿Por qué estaba en la calle?¿a qué hora salió? De pronto vio algo horrible: su padre, hermanos y madre llorando desgarradamente. Tocándolo, abrazándolo y el no sentía nada se miraba en el piso ensangrentado sin moverse y no lo creía. ¡Si él estaba bien!, es más, ya se le estaba haciendo tarde para el trabajo.

Se desesperó ¿por qué no despertaba, de ese sueño que no era para nada agradable? Sin poder comprender y deseando mil veces que en realidad fuera una  pesadilla, alcanzo a oír a unas personas que decían –Estuvo muy fuerte. Fue de ocho punto seis  grados ¡destruyó todo! –. Y viendo el cuerpo inerte dijeron: –¡pobre era tan joven!

María  Minerva López  Vázquez
Biblioteca Pública Municipal  “Mtra. Rosa Esther Adame Quiñones”  No 8617
Junta Auxiliar La Gloria, Cd Serdán, Puebla.