El planeta se llama Merluza, se parece al nuestro porque
también hay humanidad, seres vivos y mucha agua; la diferencia está en que la
gente se ama y se respeta En ese planeta la gente es educada y solo tiene un
hijo, no se les permite tener más; los padres educan muy bien a sus hijos. Aquí
no hay necesidad de trabajar, pues ellos mismos labran su tierra para tener qué
comer, se dedican a criar animales de granja y a la pesca; hay muchos ríos
donde beber agua, ahí se bañan. Visten con pieles de animales y ellos hacen su
propia ropa, se cuidan entre sí y no hay animales salvajes, todos son
domésticos, aunque sean muy grandes o pequeños; los niños juegan, van a la
escuela y se divierten, pero sobre todo, son felices.
No hay contaminación, porque ellos se
transportan en bicicletas o caminan, no hay discriminación, todos son iguales y
se respetan.
En nuestro planeta la gente ya no se
respeta, no se quiere y hay mucha guerra; la gente tiene muchos hijos más de
dos o tres, los mal educa, y si no, pues los regalan o los abandonan. No
cuidamos el agua, las plantas, los animales; hay que trabajar muchísimo para
ganarse unos cuantos pesos, para medio vivir en un mundo de materialismo. Vestimos
y queremos tener más y más cada día.
Los niños ya no salen a jugar a la calle,
porque se los roban y les pasa de todo; ya no hay niños felices, se suicidan a
muy temprana edad. La contaminación y la discriminación abundan, pero carecemos
de lo principal, el respeto y amor.
Había una vez un niño que llegó a Merluza
y venía del planeta Tierra; Fango, el niño de Merluza lo recibió con mucho
cariño, le abrió la puerta de su casita hecha de palma y le dijo:
-Aquí es el lugar donde vivirás de hoy
en adelante.
Pedro, quien es el niño que vino del
planeta Tierra, se quedó muy sorprendido de ver cómo se vivía en ese planeta;
lo primero que le preguntó fue:
-Y tú ¿porqué no tienes zapatos, porqué
vistes así?
Fango le respondió:
-Porque aquí no es necesario tener todo
eso, ¡ven, te mostraré qué lindo es estar aquí!
Salieron de paseo, fueron al rio, a
comer fruta de los árboles, a pescar, a jugar y a Pedro le encanto estar ahí;
vio que todo era diferente a su mundo y decidió que jamás regresaría a la Tierra
y que se quedaría en Merluza, porque allí sí hay de todo lo que él soñó, amor,
respeto, igualdad y un planeta limpio. Jamás volvió, creció y se quedó por
siempre en Merluza.
Celia
Hernández López
Biblioteca
pública de San Lorenzo Almecatla
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